Yssa Janeth Salazar Ramírez: la voz que comunicaba con experiencia y cariño

Por: Alondra Moya

Maestra, comunicóloga, académica, increíble persona y amiga, la Dra. Yssa Janeth, una de las referentes de comunicación más importantes del estado, dejó una huella profunda en la Universidad Autónoma de Chiapas y en todos aquellos que aprendieron de su sabiduría, entrega y sonrisa. Su historia es la de una mujer que hizo de la comunicación una forma de vida, y de la docencia, un acto de amor.

Ilustración por: Amy Chamé

Originaria de Taxco de Alarcón, Guerrero, pero con una infancia en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, Yssa Janeth Salazar Ramírez fue una mujer de luz y disciplina, con un talento innato para enseñar y comunicar. Desde pequeña mostró curiosidad y liderazgo; en sus recuerdos de infancia, narraba cómo cuidaba a sus hermanas, las peinaba y vestía, asumiendo responsabilidades que luego interpretó como el inicio de su vocación formadora. «Mi mamá fue más exigente conmigo —contaba—, ahí entendí la importancia de la comunicación, nace de expresar lo que sentimos, y yo quería aprender todo», su mamá, quien reconocía la determinación y el corazón de su hija, «mi castañuela», como ella solía llamarla.

Esa búsqueda la llevó a estudiar Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara, donde se graduó con promedio de 9.5, demostrando desde joven su excelencia académica, siempre con hambre e inquietud por saber más. No conforme con ello, cursó un posgrado en Administración de Empresas con especialidad en Comercialización Estratégica en la Universidad del Valle de México, un Doctorado en Educación por la Universidad IEXPRO POTS y un Doctorado en Desarrollo Humano por la Universidad Europa de Ámsterdam, Países Bajos. Su formación fue tan diversa como su vocación: combinar el conocimiento técnico con la sensibilidad humana. «Soy ordenada, me gustan los pasos consecutivos para llegar a una meta», decía, como una filosofía que la acompañó en cada etapa de su carrera profesional y personal.

Durante su etapa universitaria en Guadalajara, comenzó a trabajar en medios: fue reportera en Grupo Asir Radio, colaboró en el periódico Ocho Columnas con la prensa escrita y en semanarios del CTM. En esos años descubrió la emoción de narrar la realidad y la responsabilidad de hacerlo con ética. Más tarde trabajó en el área de comunicación organizacional de importantes empresas, entre ellas el grupo Vida S.A. de C.V., donde coordinó estrategias de comercialización para marcas como Granvita, gestionando ventas en el sur de Estados Unidos. Su experiencia en el mundo corporativo le dio herramientas que después trasladó al aula, donde enseñaba a sus alumnos que la comunicación no se limita a los medios, sino que se extiende a toda interacción humana.

Aunque la televisión le parecía un terreno ajeno, terminó enamorándose de ella. «Jamás en mi vida pensé en hacer televisión», confesó alguna vez entre risas, «pero me di cuenta de que no hay imposibles: los retos te los pones tú misma». Así fue como llegó a Canal 10 en Chiapas, donde comenzó como jefa de información, un tanto rezagada, hasta que con determinación demostró su versatilidad ante el medio y terminó como guionista, conductora y hasta productora de varios programas. En esa etapa fue pionera en la creación de programas televisivos para la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACH), entre muchos más como el emblemático «Hoy en la Marimba». Su energía era inagotable; si algo había que hacer, ella lo hacía.

Su paso a la educación superior fue un punto de inflexión. «Yo no me imaginaba maestra —mencionó en cierta ocasión—, pero mi abuela me decía que explicaba muy bonito, que debía enseñar». Ese consejo se volvió destino. Yssa Salazar fue docente en la Facultad de Humanidades de la UNACH, donde ejerció más de 26 años. Para ella, dar clases no era un trabajo, sino un acto espiritual, que se percibía en su manera de demostrar cariño hacia la institución. «En las aulas, supo equilibrar la exigencia académica con un trato humano y cercano, convirtiéndose en cómplice del aprendizaje y en apoyo incondicional ante los desafíos. Quienes fuimos sus colegas y amistades conocimos a una compañera cálida y solidaria, siempre atenta a tender la mano y a regalar palabras de ánimo», mencionaba la Dra. María Eugenia Díaz, una de sus colegas, quien la recuerda con profundo cariño.

La doctora Yssa no se limitaba a impartir teoría; inspiraba a sus alumnos a pensar, a analizar, a escuchar de verdad, porque —como solía citar— «tenemos dos orejas y una boca, debemos hablar menos y escuchar más». Su visión humanista impregnaba cada curso, cada conversación en los pasillos, cada consejo sincero. Era estricta pero empática, sabia y cercana; su madre lo sabía, así que al igual que su hija, también deseó sueños y metas para todos los estudiantes. Sus colegas y amigos destacaban esta manera tan única y llamativa de ser: «Trabajar con ella era de lo más divertido; su enorme preocupación por sus estudiantes, amigos y amigas, como decía —yo los veo como parte de mi vida, y lo que les pase me duele muchísimo— era parte de ella, se adentraba y llegaba a trascender barreras. Como dice su madre, una castañuela era ella», recuerda la profesora Carmen Levario, su compañera y amiga.

Su amor por la Universidad Autónoma de Chiapas era profundo. La consideraba su casa. «Si no me he ido de Chiapas, es por la UNACH, no sé si en otra vida fui maestra, me encanta dar clases», decía la profesora. Fue también una mujer que eligió vivir con conciencia y libertad, decidió no tener hijos, pero dedicó su amor y ternura a su esposo, a su perro «Yan Yan», a sus padres, sobrinos y a sus alumnos. Practicaba una filosofía holística de vida: caminaba descalza sobre la tierra, hablaba al sol, abrazaba árboles, convencida de que la naturaleza sana tanto como la palabra. «Soy tatuada y humanista, me encanta progresar para ayudar. No jalar la carreta sola, sino enseñar a otros cómo jalarla», contaba a algunos.

El fallecimiento de la doctora Yssa Janeth Salazar Ramírez dejó un vacío difícil de sentir, pero también un legado inmenso. Las personas que la querían la recuerdan como una mujer luminosa, coherente y apasionada. «Iluminaba cualquier lugar con su sonrisa, y con pequeños gestos nos enseñaba grandes lecciones de humanidad», recuerda una de sus exalumnas. «No le importó lo que los demás dijeran al ayudarme, ahí descubrí su gran corazón y su espíritu lleno de libertad», menciona la Dra. María Eugenia, profesora junto con ella. «Era una persona muy constante en todo lo que hacía, lo que ella soñaba lo lograba, nunca dejó de luchar por lo que quería, amaba lo que hacía, con mucha gratitud», comparte su hermana Graciela Salazar.

«Recuerden que la búsqueda de conocimiento es un camino constante y que cada desafío es una oportunidad para crecer, sigan aprendiendo… Hasta siempre su maestra Yssa»