Cortesía: Comunicación social Unach

Dos estudiantes colombianas encontraron en la Facultad de Humanidades Campus VI, una experiencia que combina sueños familiares, aprendizajes académicos y la calidez de un nuevo hogar.

Por: Jaanaí de la Cruz

Geyni Mallerly y Naira Daniela, alumnas de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia, comparten cómo su intercambio en la UNACH se ha convertido en una oportunidad única para crecer personal y profesionalmente, mientras descubren la riqueza cultural de Chiapas.

Ilustración por Jennifer González 

Con la emoción de quien cumple un sueño, Geyni Mallerly Belén Gómez Mendoza y Naira Daniela Rojas Prieto dejaron su país para vivir un semestre en la UNACH. Lo hicieron atraídas por la calidad académica de la institución y con la certeza de que este paso abrirá puertas en su futuro profesional. Para Naira, además, el viaje tiene un significado profundo: es la realización de un sueño generacional que inició en su abuela, continuó en su madre y que ahora ella concreta como la primera mujer de su familia en una universidad pública.

Durante su estancia en Chiapas, ambas han descubierto un mundo nuevo. En su recorrido por lugares emblemáticos como el Cañón del Sumidero, el Parque de la Marimba, el Parque Bicentenario y Chiapa de Corzo, además de convivir con una familia local que las acogió con afecto, sintieron la calidez y generosidad que caracteriza a los chiapanecos. «Nos recibieron con tanto cariño, con comida y con historias; así nos hicieron sentir en casa», recuerda Naira con gratitud.

Para Geyni, cada experiencia ha sido significativa, desde probar nuevos sabores hasta adaptarse al clima y a las palabras que escucha diariamente. «Me gusta demasiado la cultura, la gente… todo ha sido muy bonito. Conocer el Cañón del Sumidero fue inolvidable, y ahora estoy muy emocionada por vivir el Día de Muertos, porque en mi país no se celebra», comparte entre risas y asombro.

La adaptación, dicen ambas, no ha sido sencilla, pero sí valiosa. «Al principio cuesta salir de la zona de confort, da miedo, pero luego descubres que se abre el corazón y la mente», explica Naira. Geyni lo complementa con un consejo: «Abrirse a nuevas culturas no significa perder la propia, sino enriquecerse. Uno aprende muchísimo, no solo de los demás, sino también de uno mismo».

En los pasillos de la Facultad, entre clases y conversaciones, han aprendido que las diferencias culturales son también una oportunidad para crecer. Notan contrastes en la pedagogía y valoran la cercanía y el interés que los docentes muestran hacia su experiencia. «Nos preguntan por Colombia, por nuestras costumbres… es lindo sentir que les interesa conocernos», comenta Geyni.

Cortesía: Comunicación social Unach

Cada día trae una nueva lección: sobre independencia, gratitud y empatía. «Este intercambio me está enseñando a confiar en mí misma, a entender otras formas de vida y a valorar lo que tengo», cuenta Geyni. Para ambas, este viaje no solo representa un logro académico, sino un capítulo que transformará la manera en que miran el mundo. «Nos vamos a llevar el corazón lleno», concluyen, sabiendo que los sueños heredados también pueden florecer lejos de casa.