El intercambio en la UNACH lo reta a descubrir nuevas formas de aprender y de vivir.

Por: Jaanaí De la Cruz Jiménez

Desde Montevideo hasta Tuxtla Gutiérrez, Marcos Esteban Montico Caputto llegó con la ilusión de abrirse a un mundo nuevo. Estudiante de la Universidad de la República de Uruguay, eligió a la UNACH por su prestigio académico y las recomendaciones de otros compañeros.

Ilustración por Jennifer González

«Mi nombre es Marcos Esteban Montico Caputto, vengo de Uruguay, de la Licenciatura en Comunicación de la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República», se presenta con una sonrisa tranquila y una postura relajada. Llegó a la UNACH impulsado por las recomendaciones de otros estudiantes y por la convicción de que la universidad ofrece una formación de gran calidad. «Elegí la UNACH porque considero que es una universidad con buena calidad educativa y porque me la recomendaron compañeros conocidos. Así que acá estoy».
     Para Marcos, las expectativas nunca fueron muchas. «Por lo general, no las genero. Venía con ganas de aprender y abrirme a un mundo nuevo, tanto en las experiencias dentro como fuera de la universidad», explica. Su primer mes ha sido, como él dice, lleno de cambios, desafíos y aprendizajes. «Estoy muy feliz de estar acá en Chiapas y en la UNACH».
     No todo ha sido sencillo. Ha notado diferencias en la forma de enseñar, pero lejos de frustrarse, ha convertido esa diferencia en una oportunidad para reflexionar y crecer. «La incomodidad de salir de lo conocido es una de las mayores experiencias de aprendizaje, porque lo estás viviendo en cuerpo y mente».
     En Chiapas ha encontrado no solo una universidad diferente, sino una comunidad cálida que lo hace sentir bienvenido. Le sorprende la vegetación del campus, la cercanía de los docentes y el compañerismo de los estudiantes. Asombrado por la amabilidad de sus compañeros y profesores, reconoce que también ha descubierto una nueva versión de sí mismo.

Cortesía: Marcos Esteban Montico

     «Uno viene a estudiar, pero termina aprendiendo mucho más de lo que esperaba», dice con una sonrisa. Está convencido de que los aprendizajes que deja una experiencia así trascienden las aulas: se extienden a la vida, a las relaciones y a la manera en que uno se comprende a sí mismo. Lo que comenzó como una aventura académica se ha convertido para él en una experiencia que marca un antes y un después en su forma de ver y vivir el mundo.