De mi madre aprendí que se puede crear desde cero.
Que con paciencia se pone la aguja y el hilo.
Que, si a la primera no sale, siempre puedes volver a empezar; que remendar es más que un acto de amor, es revolución, es no rendirse solo porque hay un defecto, un pequeño agujero.
Que las manos que cosen, también curan, también alimentan, que acunan, que buscan, que abrazan, tejen, bordan y te remiendan la ropa y el alma.

Ilustración de Amy Chamé Waller
Paulina Carboney Zúñiga
Egresada de la Licenciatura en Comunicación