En la vida, tanto la poesía y la gastronomía, es un constante proceso, que nos lleva al encuentro, de reconocernos, de liberarnos ante la misma realidad. Trae consigo muchas sorpresas inesperadas. Y que nunca imaginé, que lo que un día soñé, llegaría a conformarse de esta manera. Una parte de mi, al inicio de mi carrera, anhelaba ser maestra, pues poco a poco me fui enamorando de esta increíble carrera en Lengua y Literatura Hispanoamericana. Así como también, de las clases impartidas por mis maestros, cada anécdota que me compartían, la magia que había en la voz de cada uno de ellos, las vivencias, la pasión que se percibía a través de las letras. En los coloquios del cervantino. Eran épocas doradas que trajo consigo mucho aprendizaje. Y que atesoro cada momento, pues eso pasillos de la facultad, tienen mucha historia. Y que ahora doy gracias. Todo ello me llevo a ser lo que soy.
Una poeta que, se expresa a través de cada platillo, La cocina se ha convertido en mi estudio, y la comida en mi arte, asi como la poesia. Ambas parten de la creación de mis manos. De la pasión que emana en mi, por estás reconocidas artes, en el mundo de la cultura gastronómica y la literatura.
Durante muchos años, me encargue de explorar la magia de las letras, que habitaba en cada poema, y así mismo, la magia que se presenciaba en el momento de conjugar los ingredientes, fusionarlos en un solo ser.
Ha sido un largo viaje, recorriendo otras calles, otras ciudades, que fueron puntos esenciales para descubrirme y desvestirme ante el arte, que conjugaba en mis manos. Al saborear Matices que se asemejaban con la tonalidad del ocaso, al anhelo de la noche, era un deleite celestial. Incitaba a perderse en el descubrimiento de forjar mi propio camino, entre los condimentos, recetarios, amores, poemarios, la soledad, la sed por conquistar el paladar del comensal, de transmitir la expresión de la tierra que nos alimenta, el agua que nos sacia el alma, el viento que nos trae aromas de renacimiento y nos libera, el fuego que con su poder, lo transforma todo.
Y así, viajes que fueron un tanto nostálgicos, que me permitió adentrar a mi verdadera esencia, que gran parte de ella, es albergada por mis ancestros, las raices que poco a poco he ido descubriendo en el transcurso de esta estos años. Es una dicha llevar cada particula de ellos en mi.
He llegado a la conclusión, de que El arte nos salva de nuestra propia existencia, y nosotros los artistas, nos encargamos de salvar al arte, al darle voz, sabor y vida. Pues, un escritor yace de la sincronía que mantiene en su sentir, los recuerdos evocados, ante la vida solitaria que prevalece a diario, se funde en ellos, en el mar de ideas que genera en sus manos, logrando fusionar, la cocina en su abecedario, y a su vez cocinar un poema de amor en su recetario.
"Lo que hace que la vida valga la pena, es soñar"
Dulce María Rizo López
Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas