Ebrio de melancolía, ebrio de ti, en el Estival Azul. Tan ebrio estoy que he decidido abrirme el pecho para liberar tu nombre que retumba en cada arista de mi ser.
Los dinosaurios, aterrados, me observan. Sienten náuseas al atisbar la sangre esparcirse sobre la mesa, manchando de carmesí el tarro de azúcar mascabada, el vaso de Frappé y una cuchara. Las meseras no pierden el tiempo. Desesperadas, buscan a un médico para cerrar la herida que no deja de vomitar sangre mientras, ¡al fin!, tu nombre sale de mi pecho. Un chamaquito de la Constitución toma fotos de la sangría y las sube a Facebook. Los dinosaurios, las meseras y un policía que acude a socorrerme, ven mis pulmones y mi corazón henchidos de melancolía. La herida aúlla de dolor. Todos observan mis vísceras expuestas, e ignoran que tu nombre sigue chocando en las paredes del Café.
Una mesera regresa al Estival Azul con un médico que, al verme, se persigna con las manos temblorosas. Murmura un Padre nuestro y siete Aves María. Los dinosaurios, indiferentes, susurran de mala gana un Amén y se burlan de que un imbécil se abra el pecho por amor. Mi herida ha drenado tanta sangre que, derrotado por la resignación de aceptar que jamás volverás, mi rostro se estrella contra el piso.
Débil, con mi vista apagándose por la sangría, alcanzo a mirar que tu nombre rompe una de las ventanas del Estival Azul, y se pierde entre las nubes que opacan al azul. Anegado por la melancolía, cierro los ojos. Y duermo.
* * *
Salto en el tiempo. Extraviado en la infinita oscuridad que destroza mis oídos, el eco de tu nombre resuena, hiriente, entre el vacío.
* * *
Abro los ojos. Mamá llora junto a la cama. Sus manos temblorosas se aferran al borde. Escucho las mentadas de madre de una trabajadora social a mi papá, con su voz cargada de indignación.
Los llantos estridentes de un recién nacido perforan el aire a mi derecha. El ronquido áspero de un diabético mutilado retumba a mi izquierda. Le arrebato el celular a mi mamá; se lo arrebató antes de que descubra los videos que he descargado en Xvideos, Xnxx y Pornhub; como si nada, aprovecho entrar a Facebook.
Las fotos de la sangría se volvieron virales. Se convirtieron en memes que hacen eco en redes sociales. CNN, la BBC, Dw, Euronews y RT hablan del incidente en sus respectivos canales de YouTube. Hasta una Norcoreana —ultra fanática de BTS y Black Pink, y militante al Partido Nacional de los Trabajadores—, comenta mi acto en su cuenta de TikTok.
Lo peor de todo es que todo el planeta ya conoce tu nombre que oculté con tanto recelo a familiares, mis amigos, mis compañeros de Pedagogía y de Starbucks.
¿Qué pensarán todos de que me abrí el pecho en el Estival Azul para liberarlo? ¿Qué les responderé cuando pregunten en qué momento me enamoré de otro hombre que es casado y tiene hijos?
Ilustración de Amy Chamé Waller
Silvio Jovany
Egresado de la Licenciatura en Pedagogía