A veces, lo correcto
duele más que lo fácil.
Me pidió hablar,
con la voz temblorosa,
me dijo: «¿Me perdonas?»,
casi con llanto,
como si el daño se curara en un rato.
Con los ojos nublados
me pidió volver,
ser amigos de nuevo,
como si pudiera ser.
Y yo,
que en silencio aún lo esperaba,
quise decirle que aún lo amaba,
borrar el pasado
y empezar de cero.
Quise abrazarlo,
volver a su vida,
ser ese refugio que siempre quería.
Pero la herida
no sana con besos,
ni el amor se construye
entre ruinas y miedos.
Y aprendí que,
aunque duela el alma,
a veces el amor
es soltar con calma.
Así que, con todo
el dolor en el pecho,
le dije que no…
aunque dentro no era cierto.
Nos dimos un último
y triste abrazo,
sin promesas,
sin lazos,
sin pasos al paso.
Me elegí a mí,
antes que a un recuerdo que duele.
Y aunque me muera
por volver a su lado,
mi paz vale más
que lo que hemos pasado.
Porque hay amores
que queman el alma,
y a veces amar…
es soltar con calma.

Ilustración de Jennifer González Herrera
Ana Belén Cruz Maza
Comunicación. 2° Semestre