No sé si escribo o si el universo me dicta,
pero cada palabra que nace en mi mano
lleva tu nombre escondido entre estrellas.
Ha pasado tanto tiempo,
pero, ¿por qué no puedo olvidarte?
Te recuerdo de una manera muy peculiar,
como si fueras una partícula en el universo, tan única, irrepetible;
quizá eso fue lo que me enamoró de ti:
tu gentileza, tu amabilidad,
la forma en que ves las cosas,
tu sentido del humor.
A veces escucho las canciones que me enseñaste
y puedo sentirte cerca.
Me pregunto si, al escucharlas,
tú también piensas en mí.
A veces me sorprendo hablando con el silencio,
dejando que tu risa se cuele entre los acordes,
que tus palabras floten como constelaciones pequeñas
y me guíen en noches en las que el mundo parece grande.
No quiero convertir este recuerdo en reproche ni en pena;
prefiero guardarlo como un objeto frágil, brillante:
una canica de luz que cabe en la mano y pesa lo justo.
Si alguna vez dudas de la persona que eres,
mira por un instante mi mirada:
allí habitan tus gestos, tu ternura,
todo lo que me enseñó a creer.
Y aunque sé que nuestros caminos no volverán a cruzarse,
seguiré llevándote en canciones y en pequeñas certezas.

Ilustración de Jennifer González Herrera
Yulis Yerusalén Jiménez Escobar
Comunicación. 7° Semestre