No fue un golpe, ni un grito, ni una daga en la espalda.
Fue tu indecisión, esa tibieza que se disfraza de paz, la que me rompió.
Quisiste estar bien con todos, y en ese intento no procuraste a nadie.
Porque quien no elige, abandona; sin querer no cuida y, sin saber, traiciona.
Me quedé con ese eco: insuficiencia, inseguridad, dolor.
Y aunque sé que no hubo dolo ni mala intención,
la ausencia de mal no te absuelve del pecado.
Te sigo queriendo igual,
como se quiere a un recuerdo que siempre duele.
Pero la confianza, esa sí se quebró,
y cuando se rompe, nada vuelve…

Ilustración de Amy Chamé Waller
César Ángel Pacheco Aguilar
Comunicación. 7° semestre