Te pienso en la brisa nocturna
que roza mi piel,
como si el viento supiera de mi deseo
y, cómplice despiadado,
susurrara tu nombre en secreto.

Te pienso en cada silencio
que la noche resguarda,
en cada estrella que parpadea,
como si aguardara tu regreso.

El viento conoce mi desvelo,
sabe que mi alma tiembla en tu ausencia,
que en cada rincón de mi cuerpo
resuena el eco de caricias
que aún no han nacido.

La distancia no entiende de besos,
ni de abrazos que doman tormentas,
ni del roce leve de una mano
que dice en silencio «aquí estoy».

Y aún así mi alma,
terca y obstinada,
vuela hacia ti sin permiso,
sin tregua, sin razón,
pidiéndole a la brisa
que lleve hasta tu boca
el beso que no puedo darte.


Ilustración de Amy Chamé Waller


Eugenia Guadalupe Espinosa Álvarez
Comunicación. 9° "A"