Y es el destino que nos separó, y es en ese doloroso proceso que nos convertimos en fuego que calcinó nuestras almas, carbonizó nuestros corazones y los convirtió en cenizas. De una u otra forma volvimos a renacer, pero siempre sentimos que nos faltaba el pasional corazón.
     «¿En qué vida serás mía?», «¿En qué vida seré tu esposa?», «¿Qué podemos hacer para que volvamos a renacer en nuestro amor?».
     Son las cuestiones que en nuestras mentes resuenan cuando vemos el humo de los cigarros llevarse el recuerdo del ardiente amor que alguna vez fuimos. Y es así de doloroso que hablemos en pasado; el tiempo pasa, los años han volado y es el recuerdo de aquel amor que con vehemencia tuvimos una vez, que aún quema y arde en el hueco que nuestros corazones ocuparon una vez. ¿Algún día volveremos a ser uno solo? ¿Algún día mi corazón quemado dejará de temer por ti? ¿Algún día dejarás de ser mi fantasma verdugo? ¿Alguna vez vamos a ser uno solo sanamente? Oh, amor, prefiero que el mundo vuelva a arder, que volver a sentir que mi alma se desmorona en las brasas de este fuego consumidor que solo nos hunde más en nuestra miseria por no estar juntos. Mi corazón arde, el hueco que ocupaba mi corazón quema y se calcina. Arde, estúpido corazón.

Ilustración de Amy Chamé Waller

Elizabeth Alondra Hernández Vázquez
Comunicación. 9° semestre