No estoy segura de cuándo empezó la afición por ellos, pero tengo muchos recuerdos de la infancia, recuerdos, recuerdos del kinder cuando hacíamos competencia con mis compañeros para ver quién llegaba más alto. Recuerdos de esas veces que mi madre nos sacaba al parque cerca de la casa por las tardes y, mientras ayudaba a mi hermanito, los observaba en el vaivén del columpio. Recuerdos de las mañanas en convivencia infantil con mis primos. Recuerdos con mi mejor amiga platicando sobre los sufrimientos de la vida adolescente. Recuerdos con mis amigos en un cumpleaños mientras hacíamos payasadas, o la cita con el chico perfecto con quien, por miedo, nunca fuimos nada.
     Resulta un tanto difícil explicar la razón del gusto por ellos, pero de alguna manera, han sido de ayuda cuando no tengo nada que decir, cuando la vida me parece difícil y solo quiero descansar un rato de ella, cuando tengo miedo o algún malestar que turba mi calma. La vida parece tan sencilla montado en uno, el viento acaricia la cara, puedes llegar tan alto como te impulses, cuestiones como estatura o peso no te atan a la tierra una vez que despegas, no necesitas compararte con nadie, porque en algún punto te olvidarás si otros han llegado a la cima antes que tú, por la adrenalina que todo buen juego nos da. E incluso, una vez detenido, con el más pequeño movimiento, el columpio te impulsará.
     Tal vez sea esa la razón, la simpleza del péndulo. Me recuerdan a la vida, a los altos y bajos que tenemos, a la necesidad de un impulso para llegar al cielo con movimientos rítmicos como doblar y extender las piernas, una vez que los que te empujan terminan de hacerlo. La vida es un juego más en los parques de niños. Mi vida es un juego más en un parque de niños y aunque sea solo uno más, de todos los juegos que existen, es sin duda mi preferido. Porque en ellos cohabitan con el presente los recuerdos, las ilusiones y la metáfora perfecta de lo que, para mí, significa vivir.
     Y para ustedes, ¿cuál es su metáfora?

Ilustración de Amy Chamé Waller


Atzin Narváez Pérez
Filosofía. 5to Semestre