Querida docente, estimada compañera y ser humano invaluable, cuya presencia marcó de manera significativa la vida de nuestra institución.
Nacida el 1 de noviembre de 1962, la Mtra. Rosas Gutiérrez encontró en la docencia no solo una profesión, sino una verdadera vocación de vida. Desde su ingreso a la Facultad en enero de 1999, dedicó 25 años a la formación académica y humana de generaciones de estudiantes, dejando en cada uno de ellos no solo conocimientos, sino también enseñanzas profundas, valores y el ejemplo de una entrega genuina.
Su paso por las aulas trascendió los límites del deber. Fue guía, escucha, inspiración y apoyo para quienes coincidieron con ella. Su calidez, su compromiso constante y su amor por la enseñanza hicieron de su labor algo que permanecerá vivo en la memoria colectiva de esta comunidad. Cada conversación, cada clase y cada gesto suyo se convierten hoy en recuerdos que nos acompañan y nos recuerdan la grandeza de su persona.
Su partida deja un vacío difícil de llenar. La Facultad pierde a una docente ejemplar, sus colegas a una amiga entrañable y sus estudiantes a una figura que supo acompañarlos en su crecimiento. Sin embargo, también nos queda su legado: una huella profunda que seguirá presente en cada espacio que habitó y en cada vida que tocó.
No queda más que agradecer el trabajo compartido y la dedicación mostrada, primeramente a sus estudiantes y a todos aquellos que la conocieron. Que su memoria sea siempre motivo de gratitud y que su vida continúe inspirando a quienes tuvieron el gusto de conocerla. Su legado perduró no solo en lo académico, sino también en la calidad humana que supo transmitir día con día.
