Jocelyn Abigail Gómez Gutiérrez
Estudiante de Comunicación
La universidad suele imaginarse como una etapa de crecimiento y oportunidades, pero también puede convertirse en un espacio donde la exigencia rebasa los límites personales. Entre tareas y responsabilidades, muchos estudiantes viven un ritmo acelerado que deja poco lugar para el descanso y el equilibrio.
Esta realidad se refleja en distintas experiencias: estudiantes como Diana Martínez señalan que ciertas dinámicas en clase pueden aumentar el estrés en lugar de disminuirlo. Por otro lado, Leonardo Villanueva admite que la presión también nace de uno mismo, especialmente cuando no se administra bien el tiempo. Desde la perspectiva docente, la profesora Cassandra admite que cumplir con las entregas en “tiempo y forma” genera una exigencia constante que influye en cómo los alumnos perciben su propio desempeño. A su vez, Stefanie López, ya egresada, recuerda cómo en su último semestre tuvo que sacrificar su vida personal para mantener sus calificaciones.
En esta imagen es fácil caer en la idea de que el esfuerzo debe medirse por el cansancio. Desvelarse, vivir con estrés o dejar de lado la vida personal se vuelve algo cotidiano casi esperado. Cuando el estudio comienza a afectar la salud, es necesario detenerse y cuestionar si ese camino realmente vale la pena.
La exigencia académica es importante, pero no debería construirse a costa del bienestar. Formarse profesionalmente también implica aprender a organizar el tiempo, reconocer los propios límites y cuidar la salud emocional, no se trata de hacer menos, sino de hacerlo de una manera más consciente y equilibrada.
También es fundamental cambiar la forma en que se percibe el cuidado personal: pedir ayuda, tomar pausas o buscar apoyo no es señal de debilidad sino de responsabilidad. Al final, nadie puede rendir plenamente si está agotado.
La universidad no solo debería prepararte para una profesión, sino para la vida, y en esa preparación el bienestar no puede quedar en segundo plano. Encontrar un equilibrio entre las responsabilidades y el cuidado personal no solo mejora el rendimiento sino que permite vivir esta etapa de una forma más plena y significativa.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena