Nahomi Jireh Carrasco Rojas
Estudiante de Comunicación
El silencio se volvió un eco interminable;
las paredes guardan tu risa como un fantasma amable.
Mis manos, vacías, recuerdan la forma de las tuyas,
y cada paso suena a despedida.
La noche no pregunta,
solo se queda:
pesada, inmensa,
como si supiera que no habrá regreso.
Quería que durara un poquito más:
el último abrazo,
la mirada que decía sin palabras:
aquí sigo.
Pero el tiempo es cruel y no se detiene;
arrancó las horas con dientes de hielo
y me dejó solo con este hueco,
donde antes cabía tu nombre.
Ahora camino entre recuerdos
que se deshacen como ceniza en el viento,
mientras el amanecer me recuerda
que nada, ni siquiera el amor,
puede retener la eternidad.
Para: mi perfecto desconocido.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena