Gerardo Josías Reyes Azcona
Estudiante de Comunicación
Luna mía, como el velo que cubre tu rostro,
ocultas mil universos en tu mirar;
tu luz intensa cubre mi vida
y en la oscuridad la mantienes encendida.
Este amor que siento
habita más allá de la distancia;
te pertenece, como las flores que nacen
en los campos fértiles que tiñen tus pupilas.
Aún recuerdo tu aroma,
tu sutil y, a la vez, intenso aroma,
que pretendía desvanecerse en recuerdos
cuando todo nos fue mal.
Es imposible ignorar todo lo que permití:
todas las voces ajenas entrometidas,
todas las tormentas bruscas y violentas,
una tras otra, cada vez más intensas.
Ya no estoy en la espera
de que se disperse esta niebla que me impide verte;
decido abrirme paso,
romper esquemas.
Pues eres luz en las densas tinieblas
y un lirio entre los espinos;
que, aunque me hierva la sangre al sentirte tan lejos,
no hay nada que me impida ser tu cielo.
Luna, amor mío,
dueña de mis desvelos:
no escuches las voces
que acusan y cansan tu mente.
No tengas miedo,
toma mi mano firme;
no estarás sola de nuevo,
cierra los ojos y escucha.
Escucha mi voz;
no hay nada que evite
mantener nuestro corazón ardiendo
en estas noches eternas y heladas.
Espera a que llegue, vida mía,
ahí estaré para contemplar tu hermosura
y, como luna llena,
me abraces en mi desvelo.
Para: mi princesa Jireh

Ilustración: Nátali Suástegui Mena