Octavio Alexis Salazar Zavala
Estudiante de Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación
Hoy no vengo a decirte que te extraño,
vengo a decirte que te elijo.
Te elijo sin prisas y sin ruido,
sin fuegos artificiales ni promesas exageradas;
te elijo con la calma de quien sabe
que el amor verdadero no grita…
pero permanece.
Te elijo en los días buenos,
cuando el sol parece quedarse más tiempo
y tu risa ilumina cualquier rincón.
Te elijo en los días raros,
cuando el silencio pesa
y el ánimo se esconde detrás de un suspiro.
Te elijo en los días pesados,
cuando el mundo exige demasiado
y lo único que quiero
es ser el lugar donde puedas descansar.
Te elijo cuando estamos de acuerdo
y las palabras fluyen como si pensáramos igual.
Te elijo cuando pensamos distinto
y aprendemos a mirarnos con respeto,
porque incluso en las diferencias
encuentro razones para admirarte.
Te elijo cuando sonríes sin darte cuenta,
cuando hablas con esa pasión
que enciende todo lo que tocas,
cuando dudas de ti
y no alcanzas a ver lo increíble que eres.
Te elijo en tus luces
y también en tus sombras,
porque ambas forman la persona
que me enseñó a amar distinto.
Te elijo porque lo que siento por ti
no depende del momento,
ni del clima,
ni de la distancia.
Depende de quién eres:
de tu forma de mirar la vida,
de tu manera de sostenerme sin cadenas,
de tu capacidad de ser fuerte
sin dejar de ser dulce.
No necesito tenerte todo el tiempo abrazándome
para sentirte cerca,
porque tu presencia se nota
en cómo me cuidas,
en cómo me escuchas,
en cómo estás.
Se nota en los detalles pequeños
que para otros pasarían desapercibidos,
pero que para mí
son la prueba de que esto es real.
Te elijo en la rutina,
en los mensajes simples de “¿ya comiste?”,
en las despedidas cortas
y en los reencuentros largos.
Te elijo cuando el cansancio nos gana,
cuando el sueño pesa en los ojos,
cuando el día fue difícil
y aun así buscamos un momento
para recordarnos que estamos juntos en esto.
Y, si hoy el mundo se pone complicado,
si las noticias asustan
o los planes cambian,
recuerda algo:
aquí tienes a alguien firme,
seguro
y orgulloso de estar contigo.
No soy perfecto,
pero mi intención contigo es limpia.
No prometo que todo será sencillo,
pero sí prometo que no soltaré tu mano
cuando valga la pena sostenerla.
No es costumbre.
No es capricho.
No es emoción pasajera que se disuelve
cuando el entusiasmo baja.
Es decisión.
Decisión de mirarte
y seguir encontrando hogar.
Decisión de apostar por nosotros
aunque el camino tenga curvas.
Decisión de construir,
de aprender,
de quedarme.
Te elijo en el presente
y también en lo que venga.
Te elijo cuando el tiempo avance
y nos encuentre cambiados,
porque sé que incluso entonces
volvería a reconocerte
como mi lugar favorito.
Hoy no vengo a decirte que te extraño.
Vengo a decirte que te elijo.
Con conciencia.
Con valentía.
Con el corazón abierto.
Y mientras exista la posibilidad de seguir,
mientras nuestras miradas se encuentren
y nuestras manos sepan el camino de regreso,
yo seguiré tomando la misma decisión:
quererte.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena