Celeste Trinidad Penagos Jiménez
Estudiante de Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación
Se volvió una guerra entre nosotros, olvidando que me amaste.
No fui perfecta, tuve errores, te lastimé, me lastimaste.
Reconocí mi error y la ausencia del amor que sostenía la distancia,
pedí perdón antes que nunca hacerlo, y me quedé con el peso de tu insistencia.
Pagas mi honestidad, culpándome.
Culpándome por no amarte lo suficiente para quedarme,
por elegirme a mí antes que a las videollamadas mudas,
porque el amor se trata de sacrificar, pero nunca entendiste que ya no estaba ahí.
Ni siquiera esperaste un cambio de estación,
para tener un nuevo aniversario en diciembre 18,
cuando un 14 pasado yo te entregaba todo mi amor,
tal vez para ti solo fui una caída más de tus encantos.
Pagas mi honestidad vengándote de mí,
porque lo vi todo.
La presumiste en todos lados
cuando semanas antes decías que me amabas,
¡Oh, Dios, te respondí los mensajes!
Pagas mi honestidad, mintiendo.
Presumiendo a una extraña,
una extraña porque, al preguntarte si a ti también se te escapaba el amor por mí,
nunca la mencionaste.
No se parece a mí, ¿desde cuándo la tenías?
Gracias por besarla en esta esquina.
Me dolió tanto el corazón,
y te agradezco por desilusionarlo en segundos.
Estoy tan arrepentida de haberte dado tan grande parte mía,
te quedas con un pedazo de mi ser,
de mis primeros alientos de amor,
que no te merecías.
Si alguna vez te veo, espero poder saludarte con respeto,
pero también espero nunca más volver contigo,
que nunca más puedas tocar mi cuerpo
ni sostenerme la mirada.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena