Isis Andrea Herrera Jonapá

Estudiante de Filosofía

 

En tiempos contemporáneos el hombre no solo se encuentra frente a grandes momentos históricos y políticos, sino que, además, se encuentra en una etapa donde su desarrollo social se ve atravesado por una contundente necesidad de reinventarse y poder hacerse de una identidad.

A lo largo de la historia el hombre siempre se caracteriza por su innegable necesidad de pertenecer a ciertos grupos sociales, pero en caso del siglo XXI parece ser que la situación es totalmente distinta a lo que alguna vez habíamos visto. En décadas previas, el hombre había optado por una convivencia directa, es decir, sin un espacio que actuara como mediador como hoy lo es el internet.

Pero antes de solo señalar, es necesario reparar en un breve contexto de cuáles fueron aquellos sucesos que nos colocan en la actualidad y por qué lo relaciono directamente con el internet. 

 

¿Hace cuánto piensas que comenzó la historia del internet? 

Esa es una pregunta algo compleja para comenzar ¿no? Bien, fue mucho antes de que fuese lo que hoy día conocemos, eso es seguro. El internet nació de la necesidad de que los ordenadores pudiesen transmitir información usando de medio una red de intercomunicación, necesidad que llevaría a ARPA —Advanced Research Project Agency, la cual pertenecía al Departamento de Defensa de EE. UU.— al desarrollo de ARPANET —Advanced Research Projects Agency Network— en 1969; pero para que esta funcionara correctamente se necesitó de una tecnología inalámbrica, como lo fue el Protocolo de Control de Transmisión/Protocolo de Internet (TCP/IP) —futuramente simplificado como Internet—, desarrollada a mediados de 1970 y puesto en uso finalmente en 1983. 

Claro, esta red comenzó siendo de uso exclusivo para el Departamento de Defensa de EE. UU., cosa que a National Science Foundation no le parecía del todo correcta, así desarrollando su propia red: Computer Science Network. 

Esto llevó a que en 1990 el Departamento de Defensa de EE. UU. comenzara el proceso para desmantelar a ARPANET, concretándose en 1995 y pasando a dar lugar a NSFNET —National Science Foundation's Network— (National Geographic, 2024).

Pero ahí no terminó este asunto. En 1991 el mundo conocería World Wide Web, o cotidianamente llamado “www”, nacida en el Centro Europeo de Física Nuclear.

Esta nueva red trajo consigo al lenguaje HTML —HyperText Markup Language— y el protocolo HTTP —Hypertext Transfer Protocol—, los cuales, junto al internet, se volvieron fundamentales para su existencia (BBC News Mundo, 2019).

 

¿Y qué relación tiene esto con la creatividad? 

En mucho, la existencia de esta web se volvió hogar y almacén de la historia del mundo desde que su uso se popularizó de forma masiva entre 1990 a los 2000. Fue el espacio donde el hombre encontró una forma nueva de convivencia, las noticias se internacionalizaron y las plataformas y redes sociales surgieron. La web tenía una identidad y estética propia, tratándose de un espacio más, uno que no reemplazaba la vida cotidiana del hombre.

Inesperadamente en 2020 ocurrió uno de los sucesos más importantes en la historia del hombre. La pandemia sanitaria por COVID-19 fue declarada formalmente y fue ahí cuando el camino de la despersonalización comenzó.

La confinación obligatoria orilló a la sociedad a reemplazar su vida social directa con una vida social totalmente online; donde si bien hubo usuarios de todas las edades, siempre salían a relucir aquellos que se encontraban entre los 15 a 20 años.

Esta forma nueva de convivir nos hizo conectar y aprender de otros, lo que hasta en un momento pareció el resurgimiento de tribus urbanas —ahora tribus online—. No obstante, mucho de este intercambio culminó junto con la pandemia, momento donde la sociedad tuvo que aprender a vivir nuevamente, indirectamente haciendo al hombre temeroso de la opinión pública.

Si a los demás les parece lindo ¿por qué a mí no? 

Es fácil gustar de algo cuando es tendencia, incluso mejor si es una moda, la tendencia es pasajera, pero la moda es el verdadero buen gusto, ¿no? 

Creo personalmente que este miedo del hombre ante un nuevo espacio por el cual adaptarse lo llevó lentamente a un nuevo molde de lo hegemónico, pues mientras menos arriesgue o experimente, menor será la probabilidad de rechazo por parte del grupo.

 

¿Esto es un adiós a mi identidad? 

No tengo garantía exacta del rumbo al que la sociedad se conduce día con día, pero incluso los espacios online que antes parecían ser los que estaban fuera de la norma, ahora mismo se encuentran adaptados a una especie de molde que perfecciona y afina el comportamiento social. Hay un algoritmo que nos señala qué está en tendencia esta semana y una nueva moda que nos dice cómo nos veremos mejores —incluso si no va con tu forma de ser—, hemos perdido la creatividad que nos caracterizaba y volvía cada acto un acto del hombre.

Hay en trasfondo una sistematización de la identidad. Nos dice de forma estricta cómo debemos vernos, categoriza la belleza, hasta donde podemos personalizarnos, qué tan creativos debemos de ser, qué hobbies nos hacen ver “cool” y cuáles no.

Considero por último que, obedecer a esto evita que realmente seamos tan únicos como podemos ser. Claro, no es que seamos el estricto “uno en un millón”, pero se perdió el sentido de autenticidad, de cómo era hacer algo y poder verlo, decir que se sentía como algo que verdaderamente hiciste, y  que no fue producto de una norma.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena