Elizabeth Alondra Hernández Vázquez

Egresada de Comunicación

 

Ve a esa persona y se desagrada sobremanera. Su tez es clara, pero tiene manchas en el rostro; maquillaje escurrido. Su cabello negro es grasoso y desordenado. Sus ojos, miel, odia completamente esos ojos que aparentan inocencia, inocencia que con la trascendencia a la adultez ha perdido completamente, o eso es lo que sabe. 

        Desprecia completamente su forma de ser, siempre aparentando ser quien no es. Y por el tiempo que le conoce, sabe perfectamente bien que es alguien que tiene que dejar su verdadero ser para poder encajar, y eso le convierte en una de las peores personas que ha conocido. Y le odia tanto, tanto como las manzanas que cosecha para poder subsistir. Eso; odia profundamente a las manzanas dulces, porque son iguales a las mejillas sonrojadas de esa persona. 

       La odia a más no poder, la odia y la repudia, y desea algún día borrar de su mente el rostro endeble que ve todos los días; dejar de escuchar sus lamentos y sus estúpidas risas; dejar de sentir lástima y pena cuando ve que nunca le apreciarán como desea. Y, aun así, le es inevitable sentir coraje y satisfacción.

        Dice, con lágrimas en los ojos, gritando un lamento, aventando el espejo a la esquina del baño.

        ¿Quién demonios es? ¿Tú…o yo?

Ilustración: Nátali Suástegui Mena