Mar Dientz.

Egresado de Literatura.

Intentar sacar a la luz un recuerdo

casi olvidado, no esencial, banal, común, 

si no a todos, por lo menos a muchos.

GEORGES PEREC

[Textos breves inspirados en los Me acuerdo del escritor francés Georges Perec].

1

Me acuerdo de una mujer que vivía sola y que, ocasionalmente, se dejaba ver tras las ventanas de su casa, debido a que mis amigos y yo solíamos acosarla con nuestras miradas, como los “idiotas” que describe Horacio Quiroga en La gallina degollada. Un día no supimos más de ella. 

2

Me acuerdo de que no era la casa de Henrik Ibsen la colección de muñecas que mi hermana instaló sobre una repisa frente al lecho donde yo dormía. Más de 20 relucientes rostros de plástico y porcelana velaron mis sueños por varios años.

3

En su libro Me acuerdo, Georges Perec sugirió a la Editorial Berenice incluir una página en blanco al final de la obra para que el lector pudiera escribir sus propios recuerdos a modo de secuencia a la enumeración perequiana, por lo que este ejercicio, más que un acto de acatamiento y complicidad al deseo expreso del autor, es un homenaje a su extraordinaria genialidad.

Me acuerdo de aquella noche de 1994. En búsqueda de refugio tras el levantamiento armado del EZLN, mi familia fue cobijada por el clérigo de una iglesia circunvecina. En el lugar donde me tocó pernoctar, se hallaba una imagen monumental de la Virgen Dolorosa. 

4

Me acuerdo de levantarme de golpe en la madrugada por globus, ese malestar o sensación de tener un nudo en la garganta, mientras escuchaba en primer fondo sonoro a un gato que parecía maullar: ¡meahogooo, meahogooo! 

5

Me acuerdo de mi primer día de catecismo cuando, al pie de un altar eclesial, observé a un hombre semidesnudo y sangriento pendiendo del madero. A los pocos días, mi hermano adquirió una revista donde aparecían cuatro hombres también semidesnudos cubriéndose el miembro con calcetines. Eran los Red Hot Chili Peppers cruzando la calle Abbey Road, en Londres. 

6

Me acuerdo del misterioso canturreo infantil que se dejó escuchar hasta la mitad de un pasillo que conducía a la habitación donde mis hermanos y yo nos encontrábamos viendo Mi familia (1995), de Gregory Nava.

7

Me acuerdo de que las inclemencias de mi madre no bastaron para que mi padre se rehusara a perseguir a la inquietante sombra del techo. Da igual si es de día o de noche, las sombras nos aguardan. 

8

Me acuerdo de los árboles caídos luego de la refriega que provocó el ciclón tropical en el otoño de 1997. Entre el saldo de aquella escena trágica, a juzgar por mi escasa edad, un ave mojada y un gato destrozándole sus alas. 

9

Me acuerdo de que mi abuela acostumbraba decir que la maldad que se ocasiona durante el día, tiende a erigir formas grotescas en la noche, y que, por ello, muchas veces no podemos conciliar el sueño. Nunca le pregunté sobre la recompensa de las buenas acciones.

Ilustración: Nátali Suástegui Mena