ANTROPOFILANTIAVITA
Raquel Esther Yelisheba Long del Barco
Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas
“Después de todo la muerte parece ser necesaria”
Pienso mientras enjuago mi ropa sucia. El viento del patio parece rebotarme los pensamientos en la cara junto con los olores de la caja de arena del gato.
Una babosa descansa en un charco de agua. Pensé inmediatamente en eliminar aquella asquerosa masa viscosa con un poco de sal.
“Pero sufren”. ¿Será esa vocecita lo que llaman el lado bueno?
-¡Planticida! Le gruñí finalmente al molusco gasterópodo.
“Tú también comes plantas”. Me refutó la memoria. Sólo porque aquel animal rastrero no figurara entre las opciones de vida deseadas no significa que no mereciera vivir.
Decidí echarle jabón. Observé cómo se contorsionaba y ahora me doy cuenta de que la sosa del detergente también les hace daño. Es sólo uno de los mensajeros de las esperadas lluvias y yo estoy siendo cruel.
“Mejor matarla para no hacerla sufrir”. Pensé.
“Si tan sólo los seres vivos no necesitaran comer a otros seres vivos para vivir, creo que en el mundo ningún ser se irritaría por la pérdida de otros seres y todos vivirían una vida sin sufrimiento ni miedo a ser dañados”.
“Ya vas de vuelta Ker, con esos pensamientos que no tienen fin. Tanto tiempo sin entretenerte en socialización te está afectando. Si antes ya estabas rematada ahora más”.
“Si ningún ser muriera prematuramente el mundo se llenaría de muchos seres y la tierra probablemente quedaría devastada o completamente repleta de seres que finalmente se eliminarían los unos a los otros por subsistir en cierto espacio. Ya he leído en los libros de la escuela que la cacería de los animales carnívoros impide la sobrepoblación de herbívoros; y la escasez de herbívoros debido a las cazas causa el descenso de las especies carnívoras. Es un ciclo que mantiene a la tierra en equilibrio”.
Volteé a ver cómo el viento bailaba con las hojas de las flores y susurraba con la brisa.
“Cierto. Tal vez las cosas están como están debido a que no podría haber otra forma de que fuesen. Pero… entonces, ¿eso implica que las personas que mueran por ese virus que ronda por ahí ya deben morirse así sin más? No me parece justo.”
“¿Qué es justo”
La babosa se deslizaba hacia otro lado, lejos de mi humanidad. Decidí que no le haría daño, aunque su aspecto sea horrible me parece que merece vivir.
Y así continuaba yo mi lucha contra la mugre de mis vestimentas. El detergente es necesario para quitar toda bacteria y así pueda lucir limpia cuando las porte. Es gracioso, cómo seguiré divagando con esta facultad mía de entendimiento, como si fuese una condena de la que me debo servir infinitamente, es mi regalo inmortal, ser consciente de que estoy inconsciente.