Un grito

Por Elizabeth Alondra Hernández Vázquez / Lic. en Comunicación

 

No sé si ya lo he dicho pero, creo que soy la que más está en silencio, soy la que toman por estúpida y la que nunca dice nada coherente. Comienzo a pensar que solo por el simple hecho de hacer relajo con mi familia no me toman en serio y me hacen menos, creo que por el simple hecho que me gusta reírme de todo pueden tener ese derecho de hacer añicos mi corazón y hacerle caso a otra persona por el hecho de tener “más experiencia” y que esa persona tenga mucho más derecho de humillarme en público en esa fiesta y aún así culparme de ser inmadura por reírme, por haberme defendido y más aún defender a esa persona hurtando mi trabajo. Es maravilloso tener ese tipo de personas en mi familia. Tampoco sé si he dicho esto, pero soy la que menos escuchan en mi familia más cercana, dicen que solo digo tonterías y todo por ayudar a la mujer que más amo. Soy la que más grito y pido clemencia y soy la que nadie escucha. Todo lo que mis hombros cargan lo toman a nada y yo solo quería ser una buena sobrina, una buena hija y un ejemplo para mis hermanas. ¿Mi corazón? Mi corazón está muy lastimado. Lastimado y constantemente sangrando; cada vez que mis amigos desvalorizan mí trabajo, cada vez que roban mi idea y la proclaman suya. Harta de todo y harta de mí. La verdad es que cada día pienso que pierdo todo y que dejó de tener un poco de valor. Cada día pienso que no soy nada bueno para este lugar. Harta de todo y harta de mí.